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LA VANGUARDIA July 20, 2008 Peralada se rinda a la maestría del octogenerio Kurt Masur Jorge de Persia Los momentos finales de la quinta de Beethoven fueron conmovedores; después de una intensidad tal, difícilmente hubiese cabido un bis, pero los sencillos compases del cumpleaños feliz armonizaron de maravilla la sonrisa del maestro, que celebró así su 81 cumpleaños, en el podio, sonriente y con un también sencillo ramo de flores en la mano. Hombre de múltiples honores en su dilatada vida de músico, nos dejó el viernes en Peralada una de sus -muy posiblemente- últimas actuaciones en nuestro suelo, y memorable. Su gesto ya denota el paso del tiempo mirada, la tensión de su cuerpo, subrayaban el camino a seguir de las frases, sus conclusiones, sus respiraciones. Y la Orchestre National de France le siguió con devoción, cosa que no ocurrió en la primera parte del concierto, con la obertura de Fidelio y la Sinfonía n.° 6 de Beethoven, en las que su sensibilidad no bastó para encarrilar a una orquesta desajustada, inerte por momentos, que cesitaba de alguien con mucha energía -sabiduría, había- para tirar de ella. Dificultades de articulación, desencuentros -la dificultad de la acústica del lugar- hicieron una versión plana. Pero en la Quinta, ya el comienzo fue de firma, y el segundo movimiento mostró la profundidad con que Masur afronta estas obras; la expresión, con dinámicas contrastadas, con la tensión adecuada de la frase, así como el brío contenido pero intenso y transparente del scherzo. La orquesta se decidió aquí más por Beethoven que por Napoleón. La igualdad, y la diferencia, fue potenciada por las tres mujeres guías de violines, violas y contrabajos, junto a los cellos, de excelente labor, y el buen condimento de la solista de oboe. El mundo está cambiando, y en este caso para bien. Ma-sur dedicó en esta temporada con la Nacional de Francia -que dirige desde el 2002- lugar de privilegio a Beethoven, su gran aliado, quizá junto a Brahms. Un buen comienzo de un festival. "Per molts anys, maestro!". |


